Lady Duff-Gordon y la primera pasarela de la historia

Hoy en día, una pasarela es sinónimo de elegancia, alta costura e innovación. Las ciudades más cosmopolitas del mundo las presentan y los diseñadores mueren por mostrar sus diseños en ellas, pero pocos saben del origen de esta práctica que se remonta a una londinense con ingenio, buen gusto y, definitivamente, suerte… Te contamos la historia de Lucy Christiana.

Francisco Rodríguez - Sandwich Mental
Creado por Francisco Rodríguez - Sandwich Mental
Elegir Jun 15, 2018
Help Translate This Item

La noche del 14 de abril de 1912 fue la más inusual en la vida de Lady Duff-Gordon. Los que la rodeaban no eran sus modelos ni los clientes que compraban su ropa sino un grupo de 12 personas, la mayoría tripulantes masculinos del barco más lujoso de la época, el Titanic.

Lucy Christiana y su esposo fueron de los afortunados en sobrevivir al hundimiento que marcaría la historia, pero lejos de ser el momento definitorio de su vida fue solo uno de los grandes hitos que marcaron su profesión.

Tras un primer matrimonio fracasado, Lucy se encargó de mantener a su familia con una tienda de ropa. La marca evolucionó de su local inicial en el West End de Londres hasta tener varias tiendas en la ciudad. Con el tiempo, la tienda de Lucy se transformó en "Lucille Ltd", una boutique de alta costura y la primera en tener sedes internacionales (en París, Nueva York y Chicago).

Sus diseños, que se concentraban en ropa de dormir y vestidos de gala, se fueron refinando hasta convertirse en una marca reconocible. En su tienda de Nueva York llegó a tener diseñadores de ropa que hacían los bocetos "al estilo de Lucille". Una verdadera casa de modas había surgido.

Pero quizás el invento que más cementó las contribuciones de Lady Duff-Gordon fueron sus "maniquíes", el nombre que ella le daba a las que son consideradas las primeras modelos de ropa profesionales. Lucy, quien era abierta y conversadora, también trabajaba en las relaciones públicas de su empresa y, como medida para mantener contentos a sus clientes más acaudalados, decidió crear un nuevo concepto de muestra de ropa.

Con algo de ingenio y amenidades, surgieron las primeras pasarelas, que, más que pasarelas, eran exhibiciones privadas en teatros. La experiencia que vendía Lucy era más parecida al espectáculo del Victoria Secret Fashion Show que a una pasarela convencional.

Estas tenían sus temas individuales, usualmente emociones o novelas famosas de la época, música en vivo e iluminación de ambiente. A ellos se entraba con invitación y quienes tuvieran la suerte de presenciar este evento salían con souvenirs y programas que contenían todo lo presentado.

Pero es que sus RR.PP no terminan ahí pues a parte de los shows, Lucy tenía columnas donde comentaba lo más reciente de la moda en las revistas "Harper's Bazaar" y "Good Housekeeping". Sus productos aparecían en películas, catálogos de venta, publicidades y otras revistas de moda como "Vogue" y "Vanity Fair”.

La vida de Lucy fue una de sofisticación y lujo, pero todo por el esfuerzo que imprimió desde el primer día en su marca y en nuevas maneras de promoverla. Su estatus lo mantuvo luego al casarse con el barón escocés Cosmo Duff-Gordon, pero su ingenio para el negocio de la moda jamás lo perdería. Incluso, su suerte siempre la acompañó porque solo a tres años después de su escape del Titanic, Lady Lucy esquivó a la muerte de nuevo cuando producto de una enfermedad tuvo que cancelar su viaje en el trasatlántico "Lusitania”; navío que resultó hundido por un torpedo alemán en plena Primera Guerra Mundial.

Hoy en día las modelos, las pasarelas y el mundo del fashion tienen mucho que agradecerle a Lady Duff-Gordon.