El perezoso que llegó a medir 6 metros

Hace miles de años existió en América del Sur un perezoso de dimensiones extraordinarias. Entérate con nosotros de cuáles eran sus hábitos, el tipo de comida que le gustaba y otros interesantes detalles más de este increíble animal.

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On 2018 M04 23
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El perezoso que llegó a medir 6 metros

Hace miles de años existió en América del Sur un perezoso de dimensiones extraordinarias. Entérate con nosotros de cuáles eran sus hábitos, el tipo de comida que le gustaba y otros interesantes detalles más de este increíble animal.

Recreación de un megaterio.

Recreación de un megaterio.

En 1785 el fraile español Manuel Torres encontró los huesos de un animal gigante que poseía una estructura ósea muy singular. El enorme costillar y unas garras larguísimas al final de sus extremidades pasaron a ser de inmediato los rasgos distintivos de esta bestia. No obstante, fue el gran parecido que había entre esta criatura y los modernos perezosos lo que terminó por llamar más la atención.

El descubrimiento tuvo lugar en las riberas del río Lujan –ubicado actualmente en la Provincia de Buenos Aires-.  

Aquella fue la primera vez que se encontró un ejemplar de este espécimen, por lo que algunas personas pensaban que podría tratarse de una especie viva, aún no descubierta. Sin embargo, los datos recopilados sobre el ecosistema de la pampa no alentaban esta suposición.

¿Entonces se trataba de algún primo cronológicamente lejano del perezoso?

Reportaje hecho por El Canal 12 -canal argentino transmitido en televisión abierta- sobre un yacimiento arqueológico con huesos de megaterio hallado en Córdoba.

El Real Gabinete de la Ciencia Natural recibe en 1796 el fósil en Madrid, para realizar un estudio más preciso de los huesos. Una vez allí, Juan Bautista Bru, empleado del órgano, se encargó de ensamblar el esqueleto de la criatura y de dibujarlo en su totalidad.

Diez años más tarde, el anatomista comparativo George Cuvier publicaría un artículo en el cual, guiándose por las ilustraciones de Bru, se recreaba la apariencia posible del ejemplar y su filiación con otros animales modernos que presentaban una morfología parecida.

Megatherium americanum es el nombre que Cuvier le asignó a la criatura en su ensayo de 1796. El primer nombre está compuesto con dos palabras griegas que significan “gran bestia”, pero en la cultura popular se le conoce más por el apelativo ‘megaterio’, de más fácil pronunciación.

Recreación de un megaterio a escala con un cuerpo humano.

Recreación de un megaterio a escala con un cuerpo humano.

Gracias a las investigaciones realizadas por el anatomista francés y otros que se unieron a la búsqueda arqueológica de más restos del animal en el siglo XIX, se descubrió que este vertebrado es un antiguo miembro de la familia de los xenartros  -mamíferos desdentados-.

La anterior clasificación no implica que el megaterio haya carecido por completo de dientes, sino que sus mandíbulas estuvieron adaptadas, más que para triturar, para picar.

Lo más interesante de esto es que también se trata de un ancestro cercano de nuestros perezosos. El megaterio habitó la tierra durante el período del plioceno y el holoceno; desde hace 2,5 millones hasta el año diez mil antes de Cristo aproximadamente.

Hacia el final del holoceno la desaparición de parte de la entonces flora típica del continente americano y la acción del hombre podrían haber causado su extinción.

Xenarthra: Superorden de mamíferos placentarios específicamente de América.

Xenarthra: Superorden de mamíferos placentarios específicamente de América.

Como su pariente moderno, el megaterio era herbívoro, pero a diferencia de aquel no vivía sobre los árboles, pues sus toneladas y su enorme tamaño –seis metros de largo desde la cabeza a la punta de la cola y dos metros de altura desde las patas hasta el lomo– no se lo permitían.

Una de las capacidades con las que sí contaba este animal era erguirse sobre sus dos patas traseras, cosa que hacía empleando el enorme peso de su cola; dándole forma con esta y sus dos extremidades anteriores a una especie de trípode.

Pararse era la manera como el megaterio se procuraba comida. Erguido, este enorme perezoso se dedicaba a arrancar hojas y ramas de los árboles con sus afiladas garras, de hasta cincuenta centímetros de diámetro.

"Sid", el perezoso de la famosa franquicia "La era del hielo", es una recreación del megaterio, pero el tamaño del personaje fue reducido.

No obstante, hace poco dos estudiantes de la Universidad de la República en Montevideo encontraron, tras el análisis de una pata fosilizada, que el hueso cúbito del codo –al cual está sujeto el músculo del tríceps– era bastante corto en este animal; característica propia de ciertos carnívoros que aumenta la velocidad de las patas para rasguñar.

En la actualidad esta hipótesis es rechazada por la mayoría de los expertos en el campo. Por otro lado, gracias al estudio de su cerebro se sabe hoy que el megaterio andaba solo, uniéndose a otros solo para copular.

De lo anterior se desprende que, en todo caso, de haber sido omnívoro únicamente se habría dedicado a cazar presas pequeñas o a robárselas a otros depredadores para completar su dieta de hojas.

Fósil de megaterio ubicado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Fotografía de Verónica Bello.

Fósil de megaterio ubicado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Fotografía de Verónica Bello.

Fisuras hechas por colmillos de tigres de dientes de sable encontradas en varios huesos de megaterio sugieren que pudieron llegar a luchar en varias ocasiones, detalle curioso, puesto que el tamaño del perezoso lo hacía una presa difícil; dándole este hecho peso a la posibilidad de que el felino dientes de sable haya intentado proteger su comida del megaterio.

¿De ser carnívoro te imaginas lo que habría pasado?

En lo que respecta a su ubicación, el megaterio solía habitar en llanuras y altiplanicies de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Perú, Uruguay e incluso Venezuela.

Si eres de alguno de esos países es probable que te hayas parado sobre el mismo sitio en que estuvo un megaterio, solo que miles de años más tarde.

Por Francisco Guatoro
Fuentes consultadas: Elpaís/Youtube/CONICET