El hombre que entró y salió del Infierno dos veces

En la mitología griega la figura del ‘desmesurado’, del que se excede, es un elemento recurrente. Por lo general se trata de individuos que intentan alcanzar beneficios que le están prohibidos; como Aquiles, que aspiraba a ser el combatiente perfecto, u Odiseo, que se ufanaba de haber cegado a Polifemo, hijo de Poseidón, usando la astucia y no la fuerza. Pero en lo que a ‘excesos se refiere’ nadie destrona a Sísifo. ¿Conoces su historia?

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Elegir 14 may 2018
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El hombre que entró y salió del Infierno dos veces

En la mitología griega la figura del ‘desmesurado’, del que se excede, es un elemento recurrente. Por lo general se trata de individuos que intentan alcanzar beneficios que le están prohibidos; como Aquiles, que aspiraba a ser el combatiente perfecto, u Odiseo, que se ufanaba de haber cegado a Polifemo, hijo de Poseidón, usando la astucia y no la fuerza. Pero en lo que a ‘excesos se refiere’ nadie destrona a Sísifo. ¿Conoces su historia?

Proveniente de Corinto, Sísifo es tomado como el más astuto de los mortales -se le considera incluso más astuto que Odiseo, de quien por cierto en una versión del mito se dice que es el padre-. Pero al mismo tiempo se dice que está entre los hombres que menos escrúpulos poseen; varias historias nos ilustran el origen de esta fama.

Cabe destacar que en todas las anécdotas en las que participa este personaje, siempre lo vemos tramando algo en contra de algún dios. Y, si bien no fue Sísifo el que ejecutó el primer complot en contra de una divinidad, sí lo podemos contar entre los pocos que lograron salirse con la suya.

Cuenta el mito que cuando Zeus raptó a Egina, la ninfa marina hija del río Asopo, Sísifo observó al padre de los dioses flotar sobre Corinto en una nube, con la ninfa entre los brazos. Siguiendo el rastro de la estela, Asopo llegó hasta Corinto y allí se detuvo a preguntarle a Sísifo si este había observado la identidad del raptor. Pero la astucia hizo que el hombre se negara a dar la información solicitada, a menos que el río accediera a crear una fuente en medio de la ciudadela de Corinto.

Sísifo obtuvo su fuente y Asopo el nombre del secuestrador. No sabemos si Asopo pudo recuperar a su hija, pero de lo que sí tenemos noticias es de la cólera de Zeus, que al saberse traicionado decidió fulminar con un rayo al astuto personaje. Ya en ‘los Infiernos’, el padre de los dioses predispuso que Sísifo siguiera cumpliendo castigos.

De manera que para prolongar su sufrimiento, la divinidad obligó a Sísifo a arrastrar una roca cuesta arriba, por una pendiente, una y otra vez. Al llegar arriba la roca caería y era tarea del condenado volverla a subir, y así por toda la eternidad. Debido a esta penitencia sin fin, el hombre que arrastra una roca pasó a ser uno de los símbolos más populares de la vacuidad en la iconografía clásica.

Pero en otros mitos la razón de este castigo desmesurado es diferente.

Cuentan que, molesto por la falta del mortal, Zeus mandó a Tánatos, el genio de la muerte, para que se llevase a Sísifo al Inframundo. Pero Sísifo, fecundo en ardides, se las arregló para encadenar al segador por diez años, período durante el cual ningún humano murió.

Al descubrir la treta, Zeus liberó a Tánatos y este marchó en busca del burlador.

Sabiendo que en el momento en que Tánatos se liberase la muerte habría necesariamente de caer sobre él, Sísifo ideó otro ardid. Le pidió a su mujer que una vez que estuviese muerto lo privara de sus funerales.

Para entender el resto de la anécdota hay que tener claro que en las religiones paganas las exequias celebradas en honor a los fallecidos son sumamente importantes, pues representan el respeto que los mortales guardan para las deidades ctónicas.

Ya en el Inframundo, Sísifo revela la impiedad de la consorte mortal a Hades y le pide que lo deje volver para reprender a su mujer y obligarla a darle el merecido tributo. El dios del Inframundo permite entonces que el astuto mortal vuelva y de esta manera logra vivir de nuevo entre los mortales por muchos años, hasta alcanzar la senectud.

Ya viejo, el astuto personaje se cruza con Hermes, el emisario más eficiente de Zeus. El dios de las contingencias le revela a Sísifo que su tiempo en la Tierra se ha agotado y que es momento de descender, a lo cual parece que el héroe, luego de haber logrado escaparse tantas veces de los designios divinos, no puso ningún reparo.

Así volvió el mortal por segunda vez a la mansión subterránea. No obstante, para que no se escapara nuevamente, Hades pensó que lo mejor sería mantener a Sísifo ocupado con una tarea; el resto de la historia ya nos la sabemos…

Por Francisco Guatoro.
Fuentes consultadas: Theoi Greek Mythology/Grimal, Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Cátedra: Barcelona, 2001. Impreso.

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