Descubre la historia detrás de la expresión “Vete a la porra”

Muchas de las frases que usamos con frecuencia en la actualidad son de origen militar, o tienen algún rasgo particular relacionado con las tropas, sin embargo, aunque hayas escuchado y utilizado esta expresión infinidad de veces, te sorprenderemos con su origen y la historia que se esconde acerca de su uso.

Carlos Román
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Elegir 2 dic 2017
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¿Quién no ha enviado en su vida a alguien a la porra? Si eres de los que con frecuencia tiene esta costumbre, seguro te interesará saber a qué debemos su aplicación en la actualidad y cómo logró hacerse tan popular, no solo en España sino alrededor del mundo.

Desentrañando el origen

Desde la antigüedad, los ejércitos del mundo han utilizado la música para comunicar noticias, impartir órdenes en el combate, o simplemente enaltecer actos patrióticos, por lo que entre los siglos XV y XVII, el duque de Alba, jefe de los tercios de infantería española, utilizó una figura denominada Tambor Mayor, quien recibía las órdenes directas del sargento para comunicárselas a los músicos, y estos a su vez, a la tropa.
 
El Tambor Mayor, portaba un enorme bastón coronado por un gran puño de plata, conocido como “la porra”, y al llegar al sitio donde se iba a instalar el campamento, esta vara solía ser clavada en el suelo para demarcar el centro del mismo, y el lugar se convertía en el punto de encuentro de la unidad.
 
Sin embargo, esta no era la única función de este báculo, ya que cuando algún soldado cometía una falta leve o era arrestado, el sargento literalmente le ordenaba “váyase a la porra”, y el subordinado sabía que debía permanecer de pie junto al bastón, hasta que su superior le autorizara a volver con la tropa tras cumplir su condena. He aquí el origen de esta curiosa expresión. ¿Lo sabías?

¿Cuál es su significado?

De forma intuitiva o interpretativa, este concepto ha ido variando a través de los años, y ya no solo se utiliza para enviar a alguien a cumplir un castigo, sino para denotar que se dirija a cualquier sitio que le resulte desagradable y nos deje en paz.
 
En la actualidad, generalmente se aplica a situaciones en las que alguien nos saca de nuestros cabales, de esa preciada ‘zona de confort’, y para que deje de molestar y de perturbarnos, lo mandamos a “la porra”, “al carajo”, “a lavarse el paltó”, en fin, cuantos sinónimos se nos ocurran –decentes o no- que le hagan sentir al impertinente la molestia que experimentamos.

Lo interesante del asunto, es que si antes de mandar a alguien “a la porra”, le sueltas toda la explicación histórica, etimológica y además la explicación en profundidad de su significado, más allá de quedar como un obstinado, amargado o irrespetuoso, tal vez inspires un aire de erudición, cultura e inteligencia, que más bien te ayude a ganarte el respeto del afectado –o tal vez no- pero valdría la pena intentarlo…

Aunque ya los ejércitos no cuenten en sus filas con la figura del Tambor Mayor, ni tampoco con este bastón garante de la justicia entre las tropas, esta frase ha trascendido generaciones –y con sus variantes- tiene cada vez más vigencia entre los hispanohablantes.
 
Y tú ¿alguna vez has mandando a alguien a la porra? Cuéntanos tu experiencia y comparte la historia de esta curiosa frase.
 
Escrito por: Carlos Román | @VeneTiger | Culturizando
Con información de: Aula Fácil | Confilegal | Quo

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On Nov 18, 2021